Nuestros ceramistas de la Iberia sentían la necesidad de mostrar a sus paisanos el recuerdo de hechos reales que pudieron tener para ellos un interés que sólo la ingenua belleza de unas figuras puede satisfacer.

Para la mayoría de autores, no hay duda alguna de que la decoración geométrica que constituye el primer estilo,  es anterior  a lo figurativo (vegetal y humano) y simbólico. Pero quedan contradictores a la idea anterior y por ello no queremos limitarnos a una sola hipótesis.

El segundo estilo decorativo, junto a nuevos motivos geométricos, usa representaciones vegetales.

El tercero, composiciones narrativas de estilo Oliva-Liria o variante Elche-Archena, en composiciones simbólicas.

El cuarto, final, refleja el sentido de la romanización, con nuevos elementos.

El nacimientos del primer estilo ha de estar en relación con algo ordenado, pero no mero accidente. El artesano usa el torno y el pincel y así va a parar a una perfección ordenada, para la que existía ya una tradición en algunas de las cerámicas preibéricas, sobre todo en Andalucía. Es evidente que quedan zonas lejos de los grandes talleres de fabricación.

El tercer estilo ofrece dos variantes. Abarca en su conjunto los motivos animales y humanos, en lo que se puede llamar lenguaje narrativo y el estilo simbólico.

La primera variante ofrece yacimientos donde se dan abundantes masas de fragmentos que permiten reconstruir piezas con escenas, que provocan nuestro entusiasmo al permitirnos asomar, a través del tiempo, a un pasado expresivo. No olvidemos que a lo mucho que nos agrada el contemplar esas escenas en sus superficies rellenas de motivos variados, ha de agregarse el valor que le da el que contengan además inscripciones que naturalmente no hemos renunciado a descifrar algún día no muy lejano.

 

La existencia de este arte reflejaría, según Tarradell, una centralización con una ciudad de clase campesina, importante, y poblados menores a su alrededor, con una preferencia por las justas o escenas guerreras, con detalles festivos como la música. Todo ello lleva en sí una raíz mediterránea sin la cual no habría existido difusión hasta la época romana.

Dentro de la cerámica zoomorfa y fitomorfa en su caudal artístico, se da la variante simbólica, cuyo centro serían sobretodo Elche, Archena, Meca, Amarejo y Verdolay. Por muchas razones situaríamos el centro de tal estudio en talleres que rivalizan con el brillo de la escultura. Es natural que se piense en una burguesía que da relieve a la elegancia de los motivos animales, una burguesía que Tarradell califica de refinada. Pero aquí los textos no abundan ya tanto como en las tierras más hacia el Norte. Pienso que todavía no está madura la certeza de esa visión social. Temo que el afán que todos sentimos de obtener una imagen de la vida social de aquellos siglos a través o por medio de la decoración de sus vasijas de lujo nos haga cambiar la realidad.

El valor que posee, toda esa bella cerámica es anulado por la industria romana, con el procedimiento de la terra sigilata. Los talleres cerámicos se mantienen de manera precaria. Pero no llegan a desaparecer del todo, y reaparece en una artesanía de época romana y posterior, que se ha conservado a lo largo de las generaciones, como reencarnada en esa maravillosa artesanía medieval de Paterna y Manises, que no se hubiera dado sin la vieja raíz.